lunes, 26 de mayo de 2014

Detrás del rastro del vagabundo millonario

Detrás del rastro del vagabundo millonario

Foto por: Archivo particular - Carlos Iriarte
Rodolfo Castrillón (izq.) ha (...).
Hace una década, un hombre encontró la caleta de un narco y la regaló por las calles de Tuluá.

Por: TOMÁS RODRÍGUEZ
10:17 pm | 24 de Mayo del 2014
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La casa de la caleta es un queso gruyer. Los huecos, hechos con pálpito de guaquero, traspasan los muros de lo que debió ser una mansión. Tampoco quedan en ella puertas ni ventanas. La vivienda está donde siempre ha estado: frente a una de las escuelas de policía más importantes del país. Devorada ahora por la maleza, está abandonada desde hace 14 años, cuando su dueño, Iván de la Vega Cabas, un confeso narcotraficante, huyó en vano para terminar extraditado a los Estados Unidos.

Ya nadie se acuerda de él. En cambio, en Tuluá todo el mundo sabe la historia de Rodolfo Castrillón Gutiérrez, el vagabundo que 'heredó' parte de la fortuna de De la Vega, aunque solo por tres semanas.

Los Castrillón Gutiérrez viven a 500 metros de allí. Su casa, de una planta, es de bahareque y el piso descubierto. La hermana del millonario por accidente friega los platos en la cocina, lo primero que hay tras la estrecha puerta de acceso. Es el único espacio al que entra la luz del día. Las habitaciones que dan a lado y lado tienen trozos de tela como cortinas. La oscuridad manda. Dos ventanas, pintadas de azul y rojo hacia la calle, están cerradas a cal y canto. Casi todo es reciclado. Cenegueta, este corregimiento con cara de barrio, fue una invasión. Hoy, la calle pavimentada y los servicios públicos le dan visos de legalidad.

Hace 11 años, en esta casa humilde, un hombre tuvo tanto dinero que los cálculos de quienes lo evocan resultan disparatados. Hablan, incluso, de millones de dólares equivalentes a 7.000 millones de pesos de la época. "Rodolfo, mi hermano, resultó un día con unos papeles que yo creía que eran monas, caramelos. Qué iba a saber yo que eso era plata. Y como él tenía su problema (drogadicto y errabundo), pues menos atención le prestábamos", cuenta la mujer.

Era febrero del 2003. Ya entonces el narco Iván de la Vega estaba en poder de las autoridades estadounidenses y su casa, al lado de un lujoso condominio, era presa del saqueo. Lámparas, grifería, sanitarios, muebles empotrados y demás elementos a la vista pasaron, primero, a manos de los saqueadores y, luego, a las de reducidores que hicieron de esos meses un interminable agosto.


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